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José Alejandro Peña

(Santo Domingo, Rep. Dominicana, 9 de Julio de 1964).

Obtuvo en 1986 el Premio Nacional de Poesía con su libro "El Soñado Desquite" (Colección Orfeo, Biblioteca Nacional, 1986).

Ha publicado los siguientes libros de poesía:

Iniciación Final (1984), Pasar de Sombra (1989), Estoy Frente a Ti, Niña Terrible (1994), Blasfemias de la Flauta (edición bilingüe de Essential Icon Press, Nebraska, 1999), Tomorrow, The Paradise (versión inglesa, XLibris Corporation, Pennsylvania, 2001), Mañana, el Paraíso (Ediciones El Salvaje Refinado, Mayo, 2002), La Vigilia de todas las islas (2004), y El Fantasma de Broadway Street y Otros Poemas (Ediciones El Salvaje Refinado, Mayo, 2002).-

Del libro Iniciación Final (Santo Domingo, 1984).

 

DILACIÓN

 

 

En un ojo de caballo se quemaban mis nervios.

En un latir de estatua iba la noche sola

el mar se había dormido en su nido de algas

y tú poesía flauta ebria de mis furias nacientes

remolino y muralla

cielo y sombra por la voz manando

torrente dilatado

fija proclama de abandono y rechazo

¿dónde

en qué silueta de árbol se esfumaron

la verdad

el misterio

la alegría...

las aves que se juntan para morir un poco

bajo la luz del polvo de tus huellas?

 

 

SUMA DEL ECO

 

 

Por la quebrada muralla del

murmullo y la suma del eco

de la flor blanca

por la luz en zozobra y el desliz

de la causa olvidada

por el retraimiento de la palabra “soplo”

se ha desligado el hielo de su fiero

ademán púrpura.

 

El que sólo se posee a sí mismo

al desierto sin cactus llama “reino”

y es la luna su amparo

y el cielo su pisada.

 

 

Del libro "El Soñado Desquite" (1986)

 

EL BUSCADOR DE TESOROS

 

¿Eres tú el buscador de tesoros que duerme

en la espiral de una angustia que se olvida

en la noche?

No, le digo. Soy un grano de sol partido por la ola.

Y se arrincona en el ángulo del codo la nostalgia

o la lluvia.

¿Qué es eso que se adhiere al aire como una

flor de polvo?

¿Qué es el hombre sino una constancia sucesiva

de la nada que vierte y que lo vierte,

sustituto de su propio caminar?

Tú, que buscas en ti mismo,

¿qué ves? ¿qué has encontrado en ti

más duradero que tu propio vacío?

Huye de todo lugar, busca refugio

en la intemperie más abierta,

en la distancia impensada,

allí donde una palabra se renueva,

donde se forja tu camino,

donde todo regreso es nirvana.

 

 

POETIC ART

 

Las palabras no tienen sino un desgarramiento voluminoso,

un mustio jardín de horas y de orejas recomidas por el musgo,

el poema no se escribe sino con sangre

y la sangre es un olvido tenue de la lluvia.

Los lugares se arrastran por el viento.

El poema tenido como un espejismo, brilla

o quema sin sentido. Se tachan, se rehacen

las partes inhallables.

Las palabras olvidan lo que dicen,

su único pasado es el silencio.

Sólo falta que yo también me olvide

o me recuerde, que todos recordemos

las cosas que no estaban.

 

 

PULSO Y MEDIDA

 

La lluvia hace girar la sed: es un molino.

Se distancia la muerte inundada de pájaros.

El fuego es todavía muy niño para extinguirse.

El aire cuelga de las dos menos alba

como una estatua que olvida su peinado

en lo frío del suelo

en lo duro del pulso al dibujar las sombras

que me forjan la lluvia

o la ventana que huye aterrada

por todo el bosque

como si alguna voz lanzara sus cristales al vacío

y sólo se tuviera como propio

la ciudad con su torre de clavos y guirnaldas

o el cordón de un zapato y la conciencia.

 

 

Del libro PASAR DE SOMBRA (1989)

 

POR UNA ANGUSTIA BREVE

 

Por una breve angustia de ola o de violín

se pierde la ciudad bajo los sueños

y se pierden los sueños bajo la

tierra muerta.

¿Qué sino el viento esparce el frío de las piedras y la sed del Viajero?

¿Qué desnudez revestirá mi cuerpo?

Hay un temblor quemado entre las ramas tiernas

cortando en dos el cuerpo de un caballo débil

fluvial como las matemáticas

sonoro

y desatento.

 

 

CIUDADELA DEL NÁUFRAGO

 

 

Ya no serían para siempre blancas las

nubes que despinta El Greco

en los chalecos viudos

que van cruzando ahora

la verdinegra ciudadela del náufrago

pero hay demasiadas huellas digitales

en tus cabellos

y pegotes de baba en tu cuello mordido

desde lejos.

Mis sueños no serían para siempre

nubes guardadas en los barcos piratas

que arrancamos de las alas de los cuervos

reambulantes

si no fuera porque ha ido de afuera

hacia dentro lo insoñable del mundo

y dos o tres palabras afiladas

y fijas

y de nadie.

Combatir es soñar, soñar lo muerto,

y la escalera aciaga y caprichosa

y el lagarto que asoma desde la ranura

con su mirada mariguanera

soporífica

y materna.

 

   

EPITAFIO EN LA ESCALERA

 

Yo reí para espantar la muerte... para espantar aquello inexplicable

oh palabras palabras tan pensadas tan sentidas tan en trance

sin vendajes ni duelo ni corona

os di la luz la vastedad el pulso el zigzagueo el trueno...

 

Yo reí para espantar el miedo

para espantar el miedo de reír: reí

reí en medio de las fiestas con esa risa rudimentaria

y bonachona con que ríen los aparatos de moler encías

y cabellos y dientes y pupilas...

 

Oh las lóbregas las cáusticas las horripilantes las

incisivas lágrimas sedosas filosas fornicantes

oh las instantáneas las raspadas las quiméricas

las que zumban las que danzan las sinceras

las purificadas al azar con pétalos de orquídeas

y baba desertora...

Mi risa tan desértica y tan niña que picoteaban con odio

mis amigos...

 

¿Qué mal os hice con reír qué mal os hice?

Decid al viento que yo me iré temprano

con mis cuatro palabras lúcidas perplejas desiguales

y mis bolsillos rotos y mi risa en pedazos y mi voz en pedazos

y la vida...

 


EL ORDEN EXCESIVO 

                                 A Eloy Alberto Tejera

 

 

Ordena tus imágenes y símbolos

con un gesto de euforia o de indulgencia,

intercambia densidad y volumen,

fija tus ritmos en la vaguedad del silencio,

otorga a cada signo un espacio de acción,

de retirada.

 

Embriágate de vez en cuando cada día,

haz que tu desencanto duela más a los demás,

exagera, ve siempre al extremo de tu verdad

gloriosa.

 

Sé desmedido siquiera en tus modos

de elevación: aférrate al vacío como

el cóndor que nace.

 

Del libro: El Fantasma de Broadway Street y otros poemas

124 Meadow Drive * Scott Depot * WV 25560 .-Estados Unidos.-

***