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Martha Rivera

(Hato Santo Domingo, República Dominicana, 1960).

Poeta y novelista. Ha publicado los poemarios Twenty Century (aún sin título en español) y otros poemas (1985), Transparencia de mi espejo (1985) y Geometría del vértigo (1995). Su poesía figura en las siguientes antologías: Reunión de poetas: poetas de la crisis, Antología histórica de la poesía dominicana del siglo XX, Sin otro profeta que su canto, Al filo del agua y Juego de imágenes. En 1995 obtuvo el Premio Internacional Casa de Teatro por su novela He olvidado tu nombre, la cual fue publicada en 1997.

GIGANTE AZUL

 

          …la pena del agua es infinita.

                    Gaston Bachelard

 

 

Anoche soñé con un ahogado

Era azul y flotaba de espaldas en el mar negro

sobre sus cadenas se balanceaban un pájaro marino

y un racimo de nenúfares

el cielo agitando el cabello azul era su rostro

y en él las playeras pignoraban sus hechizos

lento el cadáver viajaba hacia su definición

era el único sobreviviente del naufragio.

 

 

 

INSTANTÁNEA ÚNICA

 

 

Deja

no levantes esa luna por encima

de mi cabeza gris

déjame quejarme que este amor me duele

voy a acomodarme para que me arrastres

con ese aliento tuyo de huracán sin tiempo

no existe nada que no sea este poema

al que los dos le hacemos el amor

déjate permanecer para siempre

en este instante eterno del ser

oscuro frágil

debajo del ruedo de mi niñez rodada

enciende todas mis lámparas

escribe tus versos alrededor de mi pubis

que tanto humedeces

invoca los muertos enredados a mi lengua

y arrepiéntete mucho de lo poco que somos

después de esta noche en que hemos sido todo.

 

 

 

POR LOS CAMINOS DE PERICLIS YANOPULOS

 

Bellísima en su sueño se tendió la mar…

Odyssas Elytis

 

…la mar en torno hasta el sol, muerte entre las muertes

Costas Cariotakis

 

 

Más lejos del mar cuando más cerca

(porque lejos del movimiento de la sombra

están los cuerpos que contemplan sus espejos).

Lejos de esa cifra de estrellas filosas,

caracoles de cristal,

peces blancos y dorados,

algas pequeñas que se ensartan

a los corales oscuros y monumentales,

mar que inventamos

para creernos salvados de lo que somos

entregado mi cuerpo al abandono de los barcos

cerca de olas que chocan en mi carne

y descienden lentamente

sin memoria sin olvido

olas que limpian mis pupilas de otros rostros

aguas espesas y negras

yo el cadáver azul

amanecido el pecho en el insomnio del faro

escuchando el sonido de un mar que me bebe

rota una estatua contra la pelvis

lámpara frágil que oscila entre el ser y el no ser

yo el cadáver azul soy río

y he descubierto al fin

que el mar siempre es ajeno.

 

 

BORGES

 

Y al final de su vida

infatigable en las tinieblas

sólo la luz del oro de los tigres

poblaba el laberinto

(su universo)

 

Paradoja de sombras amarillas

es la sombra.

 

 

LO QUE NOMBRAN LAS PALABRAS

 

Muy pronto en mi vida, para mí fue muy tarde.

Marguerite Duras

 

Mi mujer se está muriendo aquí,

en este dedo oscuro que pone nombres a las cosas,

en el árbol, dejado ya de ser olvido y pesadumbre.

 

Sola estoy comiendo los pedazos

que van quedando de mí,

mientras intento recuerdos en el cofre,

pequeños gajos de papel.

 

Yo mujer, estoy fumando mi tristeza,

expío mis ojos, mentiras que soñé,

infieles en el juego del amor.

 

Mis senos fueron las piedras de las ruinas,

tizones que quemaron las manos del poema.

Y sola voy dejando los espejos a mis otros;

incendiada, mi mujer se murió de morir.

 

De la misma forma en que me prolongué,

con vértigo, con terror al odio en la sonrisa,

he amado.

 

(Los hombres olvidan el agua que los limpia del infierno.

El rostro que me alerta en los cristales es el mío).

 

Soy

esta mujer de aire,

esta pupila imbécil

que despierta las sirenas y los pájaros,

este número de plomo

que me entierra en el cráneo.

 

Soy también

una mueca que va mojando sílabas,

garabato pequeño que se escurre

y entra al sueño del poema.

 

El poema siempre está solo.

La soledad es palabra

en el instante de la muerte.

 

 

Mujer #2.

 

                           para Sandy

 

Todos los hombres que he amado están aquí.

Todos me hacen doler las piernas

y desnudar la ternura de vez en cuando.

Todos contemplan la logicidad de mi caos,

desenredan los internodios de mis cabellos

y cabalgan

todas las veces del amor tantas

cual son.

A todos amo con mi virginidad eterna.

A todos celo con mi pecho blando y sediento.

Todos golpean en mis encierros

con sus cuchillos y sus miserias

todas las veces del mar tantas

cual son.

Todos están aquí, amontonados sobre ti,

multiplicando tu aliento,

humedeciendo tu sexo,

sobre ti, que ahora descansas

sobre la muerta

que ahora soy yo.

 

 

Llueve.

 

¿Qué hacer ahora,

si yo pensaba que el verso de nuevo

de nuevo

se convertiría en espada?

¿Cómo encontrar la palabra?

¿En qué ojos oscuras se vuela?

Es tarde ya,

llueve,

...y yo aún no he comprendido.

 

 

De carne y hueso.

 

carne

(vivir el poema es transitarlo)

hueso

Yo estaba sentada una mañana sobre la

hierba de mi pubertad cuando descubrí

un sol oscuro que me mojaba las piernas

y comprendí el paso de una paloma salada

que agitaba sus alas sobre el tiempo

verde de los deseos nocturnos

pobladas de

Si hacen un trecho largo las palabras

y las conviertes en algo

de carne y hueso

medios gritos geométricos y espectáculos

de luces difamadas y entonces te apareciste

en el medio de mis oraciones y las

barquillas de fresas que nunca llegaron

a derretirse realmente y eras un reflujo

de algo muy lejano que desabotonaría mis tardes

agitando los brazos,

destapando los labios

y que al fin ha descubierto de acentos

bien colocadas mis mejores sonrisas y

mis aperturas de muslos muchos años después

anunciando que la hora llega

sin puntos

ni apartes.

 

124 Meadow Drive * Scott Depot * WV 25560 .-Estados Unidos.-

***